Happy Together

Me gustaría que el escenario hubiera sido distinto. Quizás en la playa con mis ojos reflejando al mar o de menos bajo una lluvia de estrellas. Pero no. Fue en mi simple habitación, mientras el reloj marcaba las 3 de la mañana y de fondo se escuchaban los Turtles. Me gustaría estar hablando de una situación más romántica. Pero no. Ridículamente se escuchaba Happy Together.

Lo que si tengo claro y no hay lupa que pueda ponerlo en duda, es que fue un momento revelador, aunque no lo supe hasta días después. Y es que, querido amigo, lector, tú que estás del otro lado de quien escribe estas letras con necesidad de contar lo que le ha sucedido, pero sabiendo desde un principio, que las palabras nunca alcanzan pero por suerte tampoco sobran. Sobre todo este tipo de palabras.

Quisiera a modo de advertencia prepararlos, pero tampoco quiero asustarlos. Simplemente deben saber: quizás no serán los mismos al terminar de leer lo que a continuación se viene. Las probabilidades de que así sea, son altas.

Es que es algo que seguramente todos sabemos desde el instante mismo en el que nuestros pulmones se llenan de aire por primera vez. Tan es así, que lloramos, de dolor, de vida, de todo esto que nos está pasando.

Me es imposible dejar de temblar mientras escribo esto, me es imposible imaginar la reacción que tendrá lo que estás a punto de leer, si es que realmente logras comprender. Y es que tienes que enfrentarlo, ver al toro de frente y saber que aunque quieras huir, no podrás. Es la condena, es tú condena y la mía, la de todos. Es el pecado original que el bautizo no quita.

Intentarás llenar el vacío con todo, de mil formas y con sus mil fracasos, intentarás agarrarte de lo que sea, mientras las tierras movedizas te jalan, incluso, podrás negarlo todo. Podrás negar el vacío, el miedo, las voces, eso que todos sentimos. Podrás rechazar el vértigo. Podrás enamorarte, amar, agarrarte de otros, podrás en tu búsqueda concebir un hijo o dos, o tres, pero sabrás demasiado tarde que aquello no cambia nada.

¿Sabes cómo lo sé? Porque yo también me vi al espejo. Yo también vi mi fina existencia, mis ojos, mis labios, mi cara, mi cuerpo desnudo, mi materia orgánica. Vi mis primeras canas, me vi amando y me vi con el corazón roto, porque no hay puente, no hay futuro, no hay forma de que no nos vayamos de este mundo de la misma forma en la que llegamos:

 

 

Solos.

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