Necesitamos un ejercito de gente que se detenga.

Detente un segundo, detente en las mañanas al despertar, detente en tu café, detente unos segundos antes de dormir.

 

Detente y cierra los ojos al comer o al besar, para sentir mejor. Detente a escuchar el ruido de la noche, a ver la brillantez de las flores, el lado puro de la vida.

 

Detente al cruzar por calles o por bosques, por personas o por corazones. Detente porque en estos días ya nadie se detiene. Sostén tu corazón mientras te detienes.

 

Detente y haz conciencia de todo lo que es esto, de todas las fortunas que nos alcanzan a todos los que estamos vivos.

 

Detente para amar, pero sobre todo para dejar de amar.

 

Detente y mira con delicadeza las plumas de cada uno de los pájaros que se atraviesen en tu camino, simplemente por la simple delicia de poder hacerlo.

 

Otoño 2016.

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