Cuando amanece en la lluvia.

En medio de la lluvia decidí amanecer. Cerré los ojos y sentí la lluvia deslizarse sobre mi rostro, mis pecas, mi nariz, mis hombros, mi alma.

Últimamente nada ha hecho sentido en mi vida.

Huele a tierra mojada.

¿A dónde vamos todos?, ¿A dónde van los que parece que si saben a dónde van?.

Respiro profundo y empiezo a florecer. Corre el agua por todos lados, arrastrándolo todo, hasta al tiempo mismo. Hay partes de mi que es necesario cortar para que vuelvan a florecer.

En mi, se empieza a encender lo más puro, lo más fuerte, lo que más soy y lo que nadie me podrá quitar nunca. Ese fuego que me caracteriza, esa calidez, ese brillo que deslumbra.

Interrogo a mi conciencia, me interrogo a mi misma, no me engaño. Cuando tengo miedo tengo pánico, cuando lo supero soy mejor. Estoy fuerte, estoy bien, estoy buscando mi propio camino, superando al cansancio, encarando a mis miedos. El miedo es una emoción que es preciso saber vencer.

Sigue lloviendo y sigue oliendo a tierra mojada. En la vida hay ciertas decisiones, ciertos momentos en los que todo se detiene, hasta las ganas. Y es entonces, cuando es necesario contraerse, buscarse en medio de las ruinas, en medio de lo caído, en medio de lo que lastimó, y encararse a si mismo.

¿Te vas a quedar ahí, sin hacer nada?

Me vi las cicatrices en las rodillas, en los codos, hasta en la cara. Me vi el alma llena de heridas, de composturas, de remiendos. Supe que en la vida el fracasado tiene mucho más que contar que el que por riesgos bajos atinó a logros bajos.

Algunas de mis lagrimas se mezclaron con la lluvia. En la vida hay que agarrarse de dónde se pueda. Incluso al silencio de la única respiración en medio de la noche. Incluso a las sombras, incluso al continúo gotear. Es mejor poder llorar que no sentir nada.

Ese drama que acompaña a todo ser vivo.

Sigo viviendo para aprender. Sigo viviendo para conocer como soy yo y de paso como son las personas con las que mi vida se cruce. Estoy aquí para entender lo que no fue porque no valía la pena que fuera.

En lo profundo de la lluvia, la verdad se hace evidente. A veces es necesario hallarse en lo más húmedo de la existencia y aceptar que tal vez me voy a encontrar con los ciegos del alma, con los no entienden nada, con los que no saben ver lo que hay detrás de las cosas, incluso atrás de sus propias palabras, de sus propias acciones. Pero no importa, porque yo estoy aquí para llorar, para reír, para brincar y volar, para brincar y caerme, para sentir miedo sin ser miedo, para bailar en medio de la lluvia o en medio de mi soledad, para detenerme y para echar a andar, según el clima. Estoy aquí para todo, menos para quedarme pasmada.

 

 

 

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