Soñé que dejaba de vivir en la casa de los espejos.

Tuve un sueño. Soñé que despertaba y ya estabas aquí. Soñé que cuando abría los ojos, y volteaba a dónde siempre debiste haber estado, ahí estabas. Por fin.

 

Soñé que nunca te irías, que no habría miedo, ni sentimientos momentáneos. Que las horas melancólicas que he pasado sin ti se volvían milésimas de segundos y tu presencia se volvía infinita.

 

En mi sueño pensé que todo tenía sentido, mis largas caminatas por la ciudad deseando no reconocer ninguna cara en mi camino, para no tener que explicar esta cara caída, las noches acurrucada en medio de la nada de mi cuarto y de mi alma, el silencio en el que se ha convertido mi corazón, el continúo desfilar de los seres que transitan con levedad. La aflicción en mi pecho cada que recuerdo que no estás aquí.

 

Sentí que por fin todo estaba en su lugar, que mis brazos se extendían y te encontraban, que mis besos te llegaban, que el amanecer nos encontraba juntos, porque en el anochecer nos habíamos perdido juntos.

 

Soñé que por fin me levantaba y ya no vivía en la casa de los espejos. Soñé que por fin en la habitación se escuchaban dos respiraciones, la tuya y la mía.

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