Vértigo

Espero el semáforo en verde. Todo pasa rápido, los autos, las bicis, los camiones, tú.

Se pone el verde y camino, voy a tu casa.

Al llegar, me abres la puerta con una sonrisa, yo ni siquiera puedo verte a los ojos. No te he hecho nada, pero mantenerte la mirada es ver lo negro y profundo que hay en la vida, es acordarme que no sé nada de ti y que tú no sabes nada de mi.

 

Respiro, sonrío y recuerdo que yo quería esto.

 

Eres un desconocido y aún así te siento cerca. Mientras me hablas te contemplo, tu cara, tus gestos, intentó entender lo que dices con lo que no hablas. Pero me es imposible, no te conozco, no sé qué significa esa mirada o aquél gesto. Siento vértigo.

 

Estoy lejos de lo que era, estoy lejos de los que eran, me fui de los suburbios a la ciudad, me he encontrado sola, esperando el semáforo y caminando hacia tú casa. Me he encontrado extrañando a los que se suponía que nunca iba a extrañar.

 

La vida me da vértigo, las despedidas me alteran, los cambios me ponen en estado de ansiedad. Aveces yo sólo quiero que vuelvan los veranos en los suburbios, quiero que vuelvan las aventuras sinceras, las historias dando el roll en los circuitos, las carcajadas que nos amanecían. Extraño al pueblo y los gestos que no se tienen que explicar porque se reconocen de antaño.

Se pone el semáforo en verde y sigo caminando.

 

El café de la esquina al que voy todos los días, el atardecer que se pinta de naranja, los claxons, el mercado, la vida que nunca para. Mi vida es un mar de cosas nuevas, mi vida es un mar que va y viene en un constante oleaje.

 

Me sonríes, me tomas de la mano, me abrazas y me buscas. Tengo tanto que contarte, de dónde vengo, a dónde voy, por qué, cuándo, cómo… y entonces el vértigo de nuevo, estoy lejos de casa, estoy lejos del pueblo, estoy lejos de lo que fui, estoy lejos de lo que solía ser. Vértigo. Pero yo quería esto.

 

Cierro los ojos, respiro profundo, y te siento tan cerca que encuentro tus labios entre los míos y entre beso y beso fluimos en un mar de platicas y risas que se contagian, el tiempo se va entre mis manos, el sueño me empieza a ganar, volteo al reloj sólo para darme cuenta de que son las 3 de la mañana, lejos de los suburbios. Me han dado las 3 de la mañana y yo ni siquiera lo he notado.

 

Me empiezo a descocer en palabras y te cuento del vértigo, de los suburbios, de eso que fui, hasta el punto en el que siento con suavidad tus dedos sobre mis labios, te veo a los ojos y me explicas: el vértigo sólo se siente cuando se está en contacto con el suelo, al no haber ninguna referencia esta sensación desaparece, y me vuelves a besar.

 

Se puso el semáforo en verde de mi vida, y contemplo la más fabulosa de las verdades: quien se fue no existe.

 

…y que todo vuelva a empezar.

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