¿Qué nos van a robar cuando ya nos hayan robado todo?

Me despierto y a diferencia de mi, la ciudad ya lleva varias horas despierta. Aún no dan ni las 8 de la mañana y ya se escuchan a los lejos los claxonazos a modo de mentadas de madre. Salgo a la calle y los veo, nos veo, siendo México en todo el sentido de la palabra. Escucho una conversación ajena, al parecer mataron a un periodista y a cuatro mujeres, dicen que las violaron.

Se pone el verde en el semáforo de peatones, volteo a todos lados para estar segura de que a ningún conductor se le ha ocurrido pasarse el alto, pararse en la cebra de peatones, dar una vuelta prohibida, atropellarme en medio de todo. Estoy en México, aquí nadie respeta nada.

Llego a la siguiente esquina y mientras intento esquivar el puesto de tamales mañanero, me tropiezo con un puesto de periódicos. Se ven chichis y me entero de la nota roja ha bautizado los recientes sucesos, ahora son “Los asesinatos de la Narvarte”, me recuerda al “Asesino de la Guerrero”. Los mexicanos somos buenos en muchas cosas, por ejemplo, en títulos alarmantes para que el periódico se venda como pan calientito, incluso ante los ojos del niño que va a la primaria y apenas está aprendiendo a leer. Chichis y violencia, eso es lo que vende en este país en el que ya nadie lee nada, ni siquiera los cuentos vaqueros.

Tomo un taxi de la calle, me fijo que por lo menos traiga el tarjetón de identificación, aunque una parte de mi se siente ridícula al hacerlo, a caso, ¿nuestras autoridades me garantizan que no sea falso? Yo trabajo y puntualmente les pago mis impuestos, pero no creo que ellos estén trabajando. O de menos no para mi, o para ti.

Atravieso la ciudad y en el camino me encuentro con nosotros, con la mayoría de los mexicanos, con el que está dando la mordida porque “trae mucha prisa”, con el que no te va a dejar pasar porque “primero tiene que pasar él”, con la señora que se estaciona en segundo carril para dejar a sus niños en la primaria, porque “solo son 5 minutos”, con el ciclista que va en sentido contrario porque “sólo es un cachito”, con el peatón que apaga su cigarro y tira la colilla al suelo porque “no pasa nada”. Me topo con los mexicanos y sus mil y un excusas. Tonterías.

Llego a la oficina, me asomo por la ventana y veo al México de Polanco, al México de los pingüinos gordos que en horario de oficina los encuentras tras de su escritorio, mandando mails importantes, haciendo ricos a los ricos y pobres a los pobres. Me siento en mi escritorio, pienso en qué podría hacer para que las cosas fueran diferentes. Lleno mi cabeza de excusas, al fin y al cabo, soy una mexicana más.

Llego a casa, busco información del periodista asesinado. No sólo era un periodista, también eran cuatro mujeres. También era una activista. También era una inmigrante. También era una empleada domestica. También era una edecán. Mujeres, activistas, inmigrantes, pobres, pecadoras.

Esto debería ser noticia de primer plano. Las televisoras deberían estar preparando los mejores reportajes, así como cuando se murió Chespirito. Prendo la televisión, encuentro información escueta, que no había cámaras, que el móvil fue un robo, que había un amigo testigo, que el periodista y la activista sostenían una relación sentimental, que llevaban dos días de fiesta. Que esto se tenía que olvidar rápido.

Van a encontrar a los responsables. Si, a los que apretaron el gatillo, no a los que mandaron apretar el gatillo. México está en crisis. Guguleo al gobernador de Veracruz, encuentro un video en el que además de hablar como Chabelo, se deja ver qué clase de persona es: un mexicano más. Uno que encuentra excusas para dormir tranquilo todas las noches aunque es un hijo de la chingada.

Siento tristeza, pena, angustia, depresión. México y su incapacidad para entender que mientras nos sigamos chingando unos a los otros, seguiremos en retroceso para el proceso. México y sus mexicanos que no se han dado cuenta de que si te va bien a ti, me va bien a mi, nos va bien a todos. La República Mexicana, su Presidente, sus Legisladores, sus Gobernadores, sus Policías, sus Corruptos, sus Pendejos que no se han dado cuenta de que incluso es mejor robarle a alguien que le está yendo bien que a alguien que le está yendo mal. ¿Qué nos van a robar cuando ya nos hayan robado todo?.

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