Sin miedo.

Tengo la impresión de que México es un país lleno de miedosos. No es que tenga la intención de pensar así, simplemente, mientras escribo esto desde mi pequeño departamento en medio de la Ciudad de México, y veo por mi ventana a la gente caminar, a los coches pasar, a los mexicanos vivir, siento que México es un país de miedosos.

Yo misma he sido miedosa y por eso entiendo muy bien por qué los mexicanos tenemos miedo. Sabemos (desde la conquista lo sabemos) que los que tienen el poder son capaces de matarnos. Lo sabemos porque ya lo han hecho.

Soy parte de la generación de mexicanos que cuando éramos niños vimos a nuestros papás quedarse sin trabajo, escuchamos en las noticias que el Peso se estaba devaluando y sin estar en condiciones aún de entender las magnitudes del mundo de los adultos, supimos que estábamos en crisis. Pertenezco a la generación de la crisis.

Dicen que hubo tiempos mejores. He escuchado que hubo muchas épocas en la que teníamos esperanza y en las que México se proyectaba como un líder mundial, incluso sé que la Constitución Mexicana fue considerada como una aportación importante para el orden mundial. Nuestros legisladores (pioneros en el tema) contemplaron algo llamado Garantías Individuales, aún mucho antes de que al mundo se le ocurriera algo como los Derechos Humanos.

Parece increíble, pero hubo un momento en el que nuestros legisladores no eran lo que ahora son.

Tenía 13 años cuando el PRI perdió por primera vez en 70 años las elecciones para la presidencia de nuestro país. Ese día, el 2 de julio del 2000, me encontraba con mi papá en el tráfico, cuando en el radio se escuchó la voz de Zedillo, declarando como ganador al PAN. Debo decir que mi papá no es de esos hombres que se siente a ver el futbol y lo veas festejar cuando su equipo mete gol, pero ese día lo vi festejar. Ese día lo vi a él y a muchos otros mexicanos tocar el claxon por las calles de la ciudad, festejaban que por fin el PRI, ya no estaría en el poder. Festejaban que por fin el sueño de sus años como estudiantes, se había hecho realidad. Festejaban que el Partido Político que se encontraba en el poder aquella tarde de 2 de octubre en la que habían sido reprimidos y asesinados, dejaba el poder. Otra vez había esperanza para nuestro país.

Pero en eso se quedó, en esperanza. Porque como todos sabemos, hace poco menos de un mes 43 estudiantes normalistas fueron desaparecidos (asesinados), en Ayotzinapan, por policías municipales. POLICIAS.

Todo esto me hace pensar que el problema real de México son los mexicanos, todos y cada uno de los mexicanos y en el comportamiento que tenemos todos día a día. Porque para los mexicanos es más importante el bienestar personal que hacer lo correcto. Porque estamos divididos, porque no terminamos de entender que todos juntos somos una misma Nación (güeritos y morenitos), porque no comprendemos que lo que le pase a mi vecino me afecta indirectamente a mi. Porque preferimos pagar una mordida, que aceptar nuestros errores. Porque no nos importa a donde va a parar nuestra basura, porque nuestro bienestar directo es más importante que el bienestar de nuestra comunidad. Porque a nuestros gobernantes les parece razonable tener una casa de 80 millones de Pesos, mientras el salario mínimo del país es de 60 Pesos diarios, porque (repito) nos importa más nuestro bienestar personal, que hacer lo correcto.

Pero quiero creer que las cosas están cambiando, porque quiero que esto que escribo más haya de ser un retrato desde mi perspectiva de lo deprimente que está la situación en nuestro país, sea un texto alentador, sea un mensaje de conciencia.

Porque el día de la marcha del 20 de noviembre, vi a muchos mexicanos que ya no tienen miedo y que están exigiendo un cambio, pero un cambio de paz. Vi a mexicanos cansados de la política que se hace en nuestro país, pero también cansados de la violencia. Mexicanos que no olvidan lo que fue la Independencia, la Revolución o lo que es esta Lucha contra el Narcotráfico, y que quieren un cambio que traiga paz, no un cambio que traiga más violencia. Mexicanos que están empezando a entender que es más importante hacer lo correcto, que gozar de bienestar personal.

Pero también ese día (tristemente) vi a otra minoría, a otro grupo de mexicanos, esos que se cubren las caras y están ahí por motivos económicos y no marchan con ideales o por convicción, esos que proclaman el anarquismo y que ejercen la violencia, aquellos que días antes prendieron fuego a la puerta de Palacio Nacional, aquellos que están ahí para darle motivos al Gobierno para que calle con medios violentos la lucha pacifica del pueblo.

El Gobierno quiere tener motivos para callarnos porque sabe que si el Pueblo se levanta a modo de adquirir una nueva conciencia, se pone en riesgo el bienestar personal de la clase política (léase: los lujos con los que viven), y para ellos es más importante eso, que hacer lo correcto por un país que al final de cuentas también es suyo. Quieren que tengamos miedo, porque el miedo no nos permite ver que en realidad, todos juntos como Nación, somos más fuertes que los que tienen el poder. Como lo dije, ellos son la minoría, pero desgraciadamente son una minoría astuta.

En la marcha del 20 de noviembre del 2014, me di cuenta de muchas cosas. La más obvia de ellas, es que el Pueblo está tan cansado que en medio de la confusión pide la renuncia del Presidente Peña Nieto, pero no se da cuenta de que probablemente las pancartas finamente impresas en las que se pedía la renuncia de Peña Nieto, y que ese día fueron repartidas gratuitamente en la marcha, fueron pagadas por el mismo gobierno que nos controla, porque con ello probablemente puedan pintar uno más de los teatros que nos han pintado durante años: la renuncia de Peña Nieto, y la asunción al poder de un dirigente nuevo, de un títere nuevo. Me gustaría que la gente que fue a la marcha (y la que no), analizara de dónde sale el dinero para mandar imprimir algunos de los carteles que fueron repartidos ese día, y que no fueron hechos a puño con plumón y cartulina por los ciudadanos, y que  nos volviéramos aún más inteligentes y analizáramos por cuenta propia cada uno de nuestros actos. Sé que es difícil, porque a mi también me corroe el coraje cada que pienso en lo que los políticos hacen con nosotros y me dan ganas de que simplemente renuncien.

¿Entonces? (En mi opinión) que es lo que tenemos qué hacer si el gobierno (como siempre) está jugándonos sucio. Lo que debimos hacer desde hace mucho tiempo: dejar de estar divididos, hacer conciencia de que cada uno de nuestros actos repercuten directamente en la vida de nuestra Nación, interesarnos por lo que pasa a nuestro alrededor, apagar la tele y prender nuestra conciencia. Los mexicanos no somos pendejos (aunque nos traten como tal), teníamos miedo, que es MUY diferente.

Pero los mexicanos estamos despertando, nos estamos dando cuenta de la importancia de hacer siempre lo correcto, de comprar en el mercado local y dejar de comprarle a los que nos usan como sus empleados y después vienen y nos venden los mismos productos más caros, estamos saliendo a la calle y haciendo que la minoría sean los violentos. Nosotros, la mayoría, estamos haciendo notar que venimos en tono de paz, estamos analizando y siendo inteligentes, estamos repugnando que los políticos de siempre, nos den atole con el dedo (como siempre), y lo más importante de todo, apreciemos lo que las marchas han logrado hasta ahora, los mexicanos nos estamos sintiendo orgullosos de ser mexicanos (o de menos ese es mi sueño).

Anuncios

3 comentarios sobre “Sin miedo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s