Miso Shiru Majarabi Banana Durazno.

El día que más dolió crecer.

Vivo sola desde hace un año 7 meses. Sé que suena fácil y también sé que no hay mucho drama al respecto. Vivir solo es enfrentarse durante varios días a que la primer persona con la que hables en la mañana y la última persona con la que hables en la noche, sea un completo desconocido, alguien a quien no le interesas y no sabe nada de tu vida. Vivir solo también es acostumbrarse a que lo único que se escucha en medio de tu insomnio sea tu respiración.

Vivir solo está bien, pero hubo un día en el que yo sentí que no podía más. Necesitaba a alguien realmente especial a mi lado. Me imaginé como sería tener siempre con quien salir a correr, ver películas, salir a comer, ir al parque, estar en pijama todo el día, deprimirse, reírse, jugar. Tener a alguien que te despierte con una sonrisa todos los días. Me sentía muy sola y no me gustaba nada esa sensación. Entonces, llegó Miso Shiru a mi vida.

Era una pequeña bolita de pelo esponjado, de un color que no tiene nombre, con una cola de zorra preciosa, y con una actitud completamente increíble ante la vida. En una semana aprendió a ir al baño en su lugar, en dos a sentarse y a dar la patita. El día que le pusieron su segunda vacuna, le compré un disfraz de jirafa. En poco tiempo sentí que ya la había hecho mía, nos sentábamos a ver películas y salir a la calle con ella era una delicia, la gente volteaba a vernos y sonreía, me sentía muy feliz de ver que había cosas en el mundo que hacían a las personas felices. Siento que siempre me ha costado mucho acercarme a las personas, pero a Miso no le costaba nada de trabajo, ella sólo se sentaba con su cola esponjada y sus ojos de japonesa y la gente se nos acercaba, hicimos muchos amigos juntas.

Pensaba que por primera vez en mi vida tenia una responsabilidad real, y lo hacía lo mejor que podía. Algunos me decían que la trataba como si fuera mi hija, pero yo sé que la trataba como si fuera parte de mi familia, porque era parte de mi familia. Me gustaba pensar que Miso podría estar conmigo hasta que yo fuera una vieja, que conocería al amor de mi vida, a mis hijos, que se mudaría conmigo de casa, que iríamos a Japón y al bosque.

Hace dos fines de semana, estaba en casa, con Miso Shiru y de pronto se soltó la lluvia y no pude dejar de llorar hasta bien entrada la noche. Tuve que aceptar que estaba deprimida y que quizás llevaba en este putrefacto estado varios meses. Pensé seriamente en rendirme. La gente se rinde cuando no encuentra más razones para seguir. Pero ahí estaba Miso Shiru con toda la sabiduría que una perrita podría tener. Ella entendía que en los últimos meses había invertido una cantidad enorme de energías y esfuerzo en algo que había fracasado desde el primer día, y ella sabía lo mal que se sentía esa situación. Ella me miró y me dio besitos en la mano y se dispuso a ver conmigo películas en pijama todo el fin de semana. Levantarme del sillón fue difícil, pero no cuando recordaba que Miso debía comer. Estuvimos abrazadas viéndonos sin decir nada mucho tiempo. Pero el fin de semana terminó, y yo decidí emprender la batalla y hacer todo lo que de mi estuviera para salir de esa depresión, finalmente mi cachorra se lo merecía. Durante toda la semana pasada de pronto me sentía ridícula, sola, perdida, pero dispuesta a dar la batalla. Así que el viernes fui a cortarme el cabello lo más chiquito que la estilista me lo quiso cortar y empecé un fin de semana nuevo con mi cachorrita.

Fuimos a comer, al parque, a correr, a ver el día pasar con un helado, a recorrer las calles y finalmente el domingo por la noche fuimos a casa. Debo aceptar que me sentía tranquila, que hacía meses que no me sentía tan completa y aliviada. La vida dice que todo pasa por algo, pero yo sigo sin creer que realmente haya un algo. Alguien puso veneno para ratas en el jardín donde Miso siempre se sentaba a tomar el fresco, pero yo no lo supe hasta que horas más tarde se empezó a convulsionar en mis brazos. En ese segundo quise correr lo más rápido que nunca he corrido, llegar hasta otro mundo, detener el tiempo. No puedo decir lo que sentí cuando el veterinario me dijo que había caído en un paro cardiorespiratorio y que nada habían podido hacer. Diría que se me cayó el mundo entero, pero no está ni cercano a lo que sentí. Había pasado los últimos meses de mi vida quejándome de que tenía el corazón roto y no me había dado cuenta de que tener el alma rota es aún peor.

En ese segundo supe el sonido que tiene la muerte, es el sonido más triste que el universo puede tener.  Sé que muchos piensan que sólo era un perro, pero precisamente ese es el problema, que sólo era un perro, que me seguía por todos lados cuando estaba sola en mi casa, que siempre estaba oliendo todo lo que estaba haciendo, que en las mañanas me despertaba poniendo su carita en mi cama, que todo el tiempo me acercaba sus juguetes para que jugáramos, que ponía la carita más tierna cuando yo me tenía que ir, que caminaba con la seguridad suficiente que mis pasos necesitaban. Si,  Miso Shiru solamente era un perro y mi razón para regresarme temprano de la fiesta más divertida. Miso Shiru era la mejor versión de mi, hecha perro.

Cuando Miso murió supe muchas cosas, la primera fue que nada iba a llenar el lugar que ella llenaba en mi. Me sentía devastada, sin fuerza en las rodillas, queriendo que todo fuera una pesadilla, pensando que en cualquier segundo se iba a parar caminando e iba a lamerme los dedos, me iba a arrastrar sus juguetes, me iba a ver con sus ojitos llenos de amor. El domingo en la madrugada entendí muchas cosas de la vida, y Miso tenía la misión de enseñármelas.

La más importante de ellas, fue cuando vi a mis papás entrar por la puerta en medio de la noche, mi mamá llenándome de abrazos, mi papá con los ojos más llenos de compasión que nadie me ha regalado. En ese segundo supe que en realidad nunca he estado sola, que estos dos hombres estaban dispuestos a todo por su hija y que se sentían indignados con la vida por no poderme evitar el dolor que esta situación me estaba causando. En ese segundo entendí que la vida me regaló el mejor de los regalos, vi a mi cuñado, quien ha sido mi mejor amigo durante tantos años que ya perdí la cuenta, con pijama, con cara de preocupación, dispuesto a saltar de nuevo de su cama en medio de la madrugada para llevar a Miso al veterinario, no por ella, si no por mi, por las dos.

Luego recibí la llamada de cada uno de mis hermanos y entonces me di cuenta de lo increíble que era tenerlos, de lo llena de amor que estaba mi vida. Ellos no podían hacer nada para curar mi alma rota, pero podían decirme que ahí estaban siempre, por siempre.

Miso murió muy pronto en esta vida, pero me dejo muchos regalos escondidos. Me abrió los ojos, me hizo darme cuenta de que hay amigos y compañeros de la vida que realmente me quieren, y que llegaron con dulces, con abrazos, con lagrimas. Supe que no estaba sola, ni antes ni después de la muerte de Miso.

Miso Shiru Majarabi Banana Durazno, que era su nombre completo, me regaló la respuesta a la pregunta que llevaba buscando desde que me mude de casa de mis papás. Me duele sin palabras que haya muerto, pero con ello me hizo entender que así es la vida, llena de ganancias y de perdidas, y que yo ya era un adulto, y que los adultos tienen que enfrentar así la vida, con sus desastres y sus milagros, de frente y con la mayor sensatez posible. El domingo fue el peor día de mi vida, pero el más provechoso.

Evidentemente me llené de odio hacia las personas que eran capaces de permitir que un animal muriera como Miso murió, créanme, el veneno para ratas es probablemente una de las manifestaciones más reales que tiene el demonio en la vida. Cuando digo que ni la rata más fea y asquerosa del mundo debería morir así, lo digo de corazón. Y aún así, es un veneno que puedes comprar en la tlapalería (¿?¿?). El lunes estuve toda la mañana gritando en mi cuarto, me pareció de pronto que el mundo era un lugar horrible y que por eso cosas tan hermosas como ella no podían haber vivido mucho tiempo en él, pero de pronto reflexioné acerca de todas las personas que estuvieron conmigo en ese momento, de los abrazos que me dieron, de los besos que me extendieron, de las palabras que susurraron a mi oído, de lo mucho que me hicieron sentir acompañada, y entonces me di cuenta de que el mundo era un lugar lleno de personas buenas que están llenas compasión por las personas que las rodean. También supe que la vida nunca te pone nada que no deba ponerte enfrente. Me frustra que Miso haya tenido que morir para que yo pudiera entender todas esas cosas, pero no voy a dejar que muera en vano, Miso está tatuada en mi brazo y en mi alma.

Finalmente, hoy por la mañana, al despertarme y no verla hecha una bolita en su camita, supe que todo este tiempo había pensado que Miso Shiru era mía, que era mi perra, pero en realidad, yo fui suya desde el primer segundo en el que la tuve entre mis manos. Ahora, es mi responsabilidad despertarme todos los días para ser la mejor versión de mi, hecha humano.

Mamá, Papá, Alen, Alita, Adri, Artur, Chori, Alex, Diana, Turtle, Mauro, Valen, Javier, Queeny, AnaKaren, Casca, Kar, Rene, Leo, Gabriel, Pombo, Tania, Enrique, Carli, Chavo, Danifilipi, Mau, Luis, Saris, Paos, Marc, Helmo, Leticia, Barcenas, Léa, Jony, Alan, Andrés, Jorge, Chio, Oso, Dandy, Andy Zenil, Mary Carmen, Babun, Ximena, Totopo, Giselle, y a todos los que me escribieron comentarios en Facebook, gracias por sus palabras de apoyo, por sus sonrisas bien intencionadas, por no dejarme sola, por hacerme saber que nunca estoy sola.

Miso Shiru, zorrita, cachorra, misoshiba, gracias por comerte mis plumones, mis discos, mis libros y mi inmadurez…

 

 

 

 

 

 

 

 

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5 comentarios sobre “Miso Shiru Majarabi Banana Durazno.

  1. No te conozco. Solamente he tenido el gusto de leer un par de entradas en este blog (incluyendo este post). Somos dos personas completamente ajenas una de la otra, sin embargo, entre este mar de desconocimiento que existe puedo decirte que te comprendo, que lamento mucho tu pérdida pues yo he sufrido también la mía, muy reciente y muy cercana.

    Te puedo decir que en este mundo el peor sentimiento no es el odio si no la indiferencia y quiero recalcar que tu dolor no me es indiferente. En verdad lamento mucho tu pérdida y lo mejor que te puedo decir, a tí, a esa persona que no conozco es que tú y yo tenemos una responsabilidad delante de nosotros, la responsabilidad de vivir una vida plena y feliz, en honor a todos los que nos quieren ver bien, que nos aprecian y que están con nosotros y los que en vida deseaban exactamente lo mismo, sea un padre o sea un esponjoso y olfatorio amigo canino.

    Por todo ese inconmensurable amor que te rodea es tu deber estar bien, a tu tiempo y bajo tus términos, pero no demores mucho pues aún queda mucho por hacer, mucho por vivir y tanto por qué estar agradecido y sobre todo, por ser feliz.

    De corazón deseo que salgas adelante y seas la mejor versión de tí, hecha humano.

  2. Hola Anahí, acabo de leer esto y lloré. No tengo palabras para hacerte sentir bien, es una perdida irreparable. Pero sí se que la vida es magia y que vale la pena descubrirla con todo y sus desazones. Ojalá un día podamos volver a vernos, en la escuela o en cualquier lugar. Te mando un abrazo sincero. Ale

  3. Creo que Miso estaría más feliz en el cielo perruno si alguna vez hicieras el esfuerzo en adoptar una perrita, no tiene que ser de esas Asociaciones tediosas, porque siempre hay un ser humano que encuentra y se preocupa por el bienestar de un perrito callejero o una madre que está por parir y de manera particular busca que tengan una casa, ahora con el face uno encuentra y si hasta quieres escoger edad, cara, etc. Uno debe ser más responsable, con el tiempo se comprende que serán como niños siempre ya que se meten todo a la boca y hay que estar con los ojos bien abiertos 🙂

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