Pasado

Vi el reloj, eran las 2:30pm, tenía que regresar al trabajo pronto, pero antes tenía que hablar contigo. Caminaba por la Colonia García, donde hacia poco te habías mudado. Ahora vivíamos más cerca, pero yo te sentía cada vez más lejos. Me prometí que sería la última vez que iría a tu casa de esa forma, me prometí que controlaría lo que sentía por ti.

La Colonia García, es vieja, ruidosa, sucia. La gente dice que es la nueva colonia de moda, que todos los artistas se estaban mudando por ahí. Las colonias Arenal y Potreros ya eran muy caras para los artistas, decían. No sé, a mi me gustaba vivir en la Potreros, me gustaba caminar por sus calles y pensar en mi mamá, que en su juventud vivió ahí. También pensaba en mi abuela, la imaginaba en el mercado, en la sastrería, en la vida.

Vi la hora, eran las 2:35, debía apurarme, tenía tanto que decirte. ¿Qué diría? Pensaba en todas la posibilidades que tenía para ir acomodando mis palabras, quería ser precisa. Quería ser clara, que me entendieras, que supieras lo que sentía por ti. Imaginaba mis sentimientos como semillas que se clavaban en tu corazón, y de ellas germinaban jacarandas, flamboyanes, bosques de luciérnagas.

Caminaba entre mecánicos y choferes. De día esa parte de la Colonia García era un corredor de venta de autopartes, talleres, mecánicos, vulcanizadoras, etc. Pero por las noches no era lo mismo. Pocos meses antes habían inaugurado este lugar con nombre ridículo al que todos los modernos iban. Yo no iba a esos lugares, ni me dejaban pasar, ni me interesaba que lo hicieran. Sólo iba contigo, pensaba que estar contigo siempre era divertido, aunque fuera en un lugar lleno de morras en drogas y hombres a los que ni en drogas les podría hacer la conversación. Pero por ti me esforzaba, me ponía tacones, me paraba derechita, y actuaba como si todo estuviera bajo control. Nada en mi vida estaba bajo control desde que tú habías llegado.

Por fin estaba frente a tu edificio. Sucio, viejo, con moscas. El señor de los mariscos me vio, bajó la mirada. Ese señor vende mariscos en esa esquina, en ese puesto, desde 1985. Nos contó la historia a los dos cuando me llevaste, estabas emocionado por enseñarme algo nuevo, el secreto estaba en las salsas. Nos dimos un agasajo, porque así éramos, nos gustaba agasajarnos juntos, y eso nos mantenía unidos. En el temblor del 85, el señor de los mariscos iba caminando por la mañana rumbo a su puesto, vio los edificios caerse. También a mi me vio caerme, cada que iba a buscarte, a rogarte que no te fueras, que no te enojaras, a arrepentirme de todo lo malo que sentía que había hecho. Me molestaba la mirada del señor de los mariscos sobre mi, sentía que él sabía algo que yo no, sentía que cubría su mirada hacia mi con lastima. No importa, estaba ahí y sentía que tenía que hablar contigo, decirte todo.

Miré mis zapatos negros de charol y toqué el timbre. Esperé, volví a tocar. Esperé, te llamé por teléfono. Te asomaste por la ventana del tu sexto piso de azotea. Tu barba estaba despeinada, tu cabello también. Me gritaste ¿qué quieres?, y te contesté que hablar contigo. Volviste a gritar, ¿qué tienes que decirme?, y me quedé callada. No tenía nada que decirte, ya lo había dicho todo, ya lo había gritado todo, ya lo había demostrado todo. Otra vez, se me salieron las lagrimas. Te molestaba que estuviera ahí y entre gritos me aventaste las llaves.

Abrí la puerta, y me dispuse a subir piso por piso, hasta tu departamento. Ese edificio es viejo, de pisos marmoleados negros. Afuera, además de grafitis que se escurren, hay una placa que dice el nombre del ingeniero que lo construyó, por ahí del año de 1930. Ese edificio ha visto mucho, tiene su propio olor. Las escaleras siempre están sucias, los ventanales rotos. Me imaginaba cuantas personas habían pasado por esos departamentos, ¿alguien habría muerto?, ¿Quiénes se habrían enamorado y desenamorado en ese lugar?, ¿Qué niños habían crecido entre esas paredes?, ¿Cómo habría sido el pasado? Cuando todo era reciente, brillante, cuando había novedad en su estructura, cuando olía a nuevo. ¿Cómo olía lo nuevo antes?, ¿Cómo se sentía?. ¿Cómo era el pasado? ¿Cómo era no tener miedo de ir a tu casa?, ¿Cómo era ir a tu casa y ser recibida con una sonrisa?. No recuerdo.

 

 

 

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