Bajo esa ocurrencia ya no pudimos amarnos.

Nos dieron ojos para ver, y con ellos vimos y nos vimos. El cielo, el mar, el bosque, el fuego y la vida.

Nos dieron manos para tocar, y con ellas tocamos y nos tocamos. Lo frío, lo caliente, lo húmedo y lo constante.

Nos dieron piernas para caminar, y con ellas recorrimos y nos recorrimos. La ciudad, la playa, la carretera y las circunstancias.

Nos dieron oídos para escuchar, y con ellos escuchamos y nos escuchamos. La música, las palabras, la mar y las risas.

Nos dieron juventud, y nos dieron tiempo, nos dieron ganas y nos dieron coincidencias. Lo único que no nos dieron fue eternidad y bajo esa ocurrencia, ya no pudimos ni vernos, ni tocarnos, ni caminar, ni escucharnos. Ni amarnos.

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