El problema es que nunca es suficiente. Eres adolescente y el mundo está lleno de dudas, de sensaciones y de experiencias completamente nuevas. Y si eres una adolescente como yo lo fui, entonces también está lleno de confusiones. Yo sentía que no tenía idea de cómo comportarme, siempre que estaba con un grupo de amigos y decía algo, me quedaba minutos pensando si lo que había dicho no había estado demasiado infantil, demasiado cursi o demasiado fuera de lugar, y entonces perdía la secuencia de la plática y cuando regresaba a ella ya era demasiado tarde para comentar algo que no fuera visto raro. No quería ser rara, sólo quería sentirme parte de algo, de algún grupo de amigos, sentir un lugar seguro.

La verdad es que ahora lo pienso y me doy cuenta de que es más difícil de lo que creía encontrar personas con las cuales valga la pena ser parte de algo. No me interesaban en absoluto sus pláticas y me perdía intentando comentar lo correcto.  Por eso, cuando por primera vez un adolescente me besó, se volvió mi universo. Pensaba que quizás ahora si sería parte de algo, de alguien. Pensaba que bastaba con que esa persona me viera, se interesara en mí, y yo podría darle todo, no me importaba que fuera realmente aburrido platicar con él, o que me babeara cada que me besaba. Después un día me harté y me di cuenta que no podía soportar ni un beso más de sus horribles besos. Se me hace que le rompí el corazón.

Después pensé que además de besar bien, tenía que ser alguien que hubiera vivido cosas diferentes a las que yo hubiera vivido, así que cuando un chico me invitó a salir y me contó que había viajado a lugares a los que yo nunca había viajado, me enamoré. El chiste me duró poco, exactamente el mismo tiempo que la conversación tardó en agotarse y se volvió un continuo silencio incómodo. Entonces pensé, que además de que besara bien, necesitaba que fuera alguien con quien pudiera sentarme la vida entera a platicar.

Así que llegó un buen besador y excelente platicador. Todo estuvo bien, hasta que platicar y besar todos los días se volvió monótono, y me di cuenta que necesitaba alguien que además de besar bien y platicar bien, fuera capaz de hacerme sentir inalcanzables aventuras.

Y entonces, busqué alguien con quien pudiera volar y volar y vivir aventuras. Así que me terminé enamorando de alguien que decía atreverse a volar altísimo, alguien que contaba aventuras que después supe, jamás vivió, alguien que sólo para enamorarme llenó el espacio entre los dos de mentiras.  Hasta que por fin me di cuenta de que ninguno de los dos sabíamos lo que estábamos haciendo. El  trancazo desde esa altura estuvo de hueva, hubo que reparar muchas cosas que se rompieron en el camino.

Así que decidí hacerle caso a mi mamá por única vez, y me conseguí uno que cubriera sus estándares. El hombre era tan recto que más que aburrirme, me sentía en una jaula. Definitivamente, necesitaba algo más.

Una parte de mi pensó que quizás sería buena idea regresar al pasado, podría ser que el viajero ya hubiera viajado más y ahora tuviera conversaciones que siempre acabaran en silencios cómodos. Me equivoqué.

Así que deje de tomar en serio a todos, ¿qué caso tendría tomarlos en serio si en algún punto siempre salía alguna incomoda verdad a relucir que me hacía no quererlos más?

Así que deje de planear, al fin que nada nunca me duraba suficiente. Hasta que un día, sin darme cuenta estabas aquí, viéndome sin decir nada. En el silencio más contrastante que he escuchado. Entendí que hay silencios que hablan, y entonces, te besé y te volví a besar y sentí que nunca me iba a hartar.

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