¿Amigos?

 

 

La tarde de un verano en el que iba caminando, un día que podría caber en la vida de cualquier mortal. Cualquier empleado de oficina que vive soñando en las vacaciones que dependen de la autorización del jefe.

Era domingo, el sol hacia lucir a los árboles sus mejores capas, la ciudad se olía tranquila, no había autos, el tráfico se encontraba descansando, quizás había decidido quedarse en cama hasta tarde, enpiernado con quien sabe qué amorío.

Yo caminaba al metro, yo tenía el alma nublada, yo intentaba poner atención en los sonidos que mis audífonos insertaban en mi cerebro, pero no se podía, así somos los hipersensibles. Me quite los audífonos y seguí caminando, se escuchaba el aire, se escuchaban las pláticas de otros transeúntes, de otros mortales.

Di la vuelta en una esquina, y entonces lo escuché, era él y era ella, eran desconocidos. Él escuchaba y ella decía –podemos ser amigos– . Me salió una carcajada profunda y cruel, dos desconocidos, hablando lo que tú y yo habíamos hablado momentos antes.

De lo profundo de mi ser salieron las ideas, y por fin las lágrimas. No, no podemos ser amigos, no, la amistad no se pide, no, no puedo ser contigo lo que soy con mis amigos, no mundo, no se puede, la amistad es la fuente que brota sin que ni siquiera dios ponga sus ojos en ello. No, no voy a ser tú amiga, y no, tampoco serás mi enemigo.

La vida se cuenta en veranos…

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